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El eterno femenino revisitado por Antonio Álvarez Morán.

Sea por una razón, sea por otra, muy pocas de las voces de las mujeres han logrado conservarse en los archivos de la Historia. Es un poco como si la decibilidad femenina, por lo menos hasta una fecha bastante reciente, difícilmente pudiese llegar a registrar su propia huella. Dicha situación resulta altamente contrastante con la representación del cuerpo femenino cuya visibilidad ha ido alimentando de manera bastante regular el campo de la producción artística occidental desde los mismos orígenes del arte en el muy lejano horizonte del periodo paleolítico. Pero no nos dejemos engañar: si bien la imagen de lo femenino se ha venido plasmando en cualquier tipo de soporte beneficiándose de una relativa constancia, muy al contrario, el sentido que le puede ser asociado se ha estado modificando, a menudo por una muy simple razón: siendo el imaginario local, el único responsable de aquella construcción y puesta en escena específica del campo de la imagen, bien puede llegar a caracterizarse por un muy peculiar trabajo de bricolaje geográfico, histórico y sociocultural, sin olvidar, claro, el imprescindible -y fundamental- toque de lo subjetivo. Y no es ningún secreto: todos los lenguajes del texto o de la imagen siempre han quedado permeados por una determinada aura social simplemente porque su primera función es y ha sido, servir a la comunidad, sea con sabor a historia o recuerdo.

En este preciso caso, el campo de la imagen propuesta por Antonio Álvarez se despliega a partir de la representación centrada de la Coatlicue, sin duda una de las piezas escultóricas más emblemáticas de la cultura mexica cuya caída sonó el fin de la autonomía de desarrollo de las culturas nativas mexicanas. Sin embargo, los conquistadores europeos nunca lograron colonizar del todo aquel milenario y complejo imaginario americano, muy pronto reterritorializado de manera excéntrica en un paradigmático abanico de prácticas culturales cuyos destellos vienen plasmados en las pequeñas imágenes-símbolos de la tradicional lotería mexicana que se despliegan como conjunto en forma de ‘V’ en la parte central del cuadro. Y es ahí precisamente, abajo de las dos alas de la ‘V’, quizá como otro punto más de conexión histórico-cultural, que Antonio Álvarez reposiciona la famosa pintura de ‘Las dos Fridas’ uniendo esta vez a la artista moderna con la poeta novohispana en un preciso y meticuloso juego de espejismos. ¿Acaso la misma Frida Kahlo no había ya reinterpretado la pintura realizada por Miguel Cabrera honrando a Sor Juana Inés de la Cruz? Por lo menos, así lo sostiene Antonio Álvarez cuyo trabajo pictórico suele nutrirse y enriquecerse de ciertos archivos visuales minuciosamente revisados y seleccionados: lo que simplemente justifica que aquel ‘eterno femenino’ plasmado en el lienzo se venga nutriendo tanto de figuras anónimas -la soldadera-, como míticas -Sara García como ‘Abuelita’ de México-, históricas -la Malinche-, simbólicas -la Catrina-, celebridades -María Félix envuelta en un rebozo y Tongolele luciendo sus famosas curvas- o figuras populares – la luchadora Sexy Star o la niña danzante de la sierra norte de Puebla. Tal es el rico y vivo entramado visual femenino que nos propone el pintor poblano sellado por la máxima figura de la espiritualidad mexicana: la Virgen de Guadalupe.

Y para ambientar aquella abigarrada visibilidad, Antonio Álvarez construyó un escenario cuyas formas van siguiendo de cierta manera lo que la mirada de un habitante del valle de Puebla puede comúnmente aprehender a su alrededor en un día particularmente despejado -dejando claro que desde el altiplano mexicano una línea de horizonte no puede estirarse sin quedar interrumpida en algún momento por la silueta de, por lo menos, un volcán y que, mirando hacia el Paso de Cortés, lo primero que se impone es la famosa pirámide de Cholula o Tlachihualtépetl (cerro hecho a mano) coronada desde hace siglos por el Santuario de la Virgen de los Remedios, imagen emblemática entre todas de lo que se ha dado a conocer como ‘fusión de culturas’. En el lienzo, la gran pirámide viene ubicada del lado izquierdo, destacando en su parte superior el remolino de colores de fuegos artificiales. Del otro lado, el derecho, destaca la imponente y mítica masa del volcán Iztaccíhuatl de cuyas entrañas brota la figura de un ánima sola, un volcán-mujer apuntando hacia la constelación de la Osa Menor, comúnmente asociada con deidades femeninas.

Así se concentran milenios de cultura mexicana sellada con los colores de la bandera nacional, cuando Antonio Alvarez se da a la tarea de revisitar el eterno femenino.

Laurence Le Bouhellec

Julio 2015

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Personajes y símbolos que aparecen en la pintura “Eterno femenino” de Antonio Álvarez Morán

1. Soldadera, basada en la histórica fotografía del archivo Casasola, representa a las mujeres que participaron en la lucha revolucionaria.

2. María Félix, “La Doña” es considerada una de las figuras más importantes de la llamada Época de Oro del Cine Mexicano.

3. El Rebozo es una prenda de vestir femenina característica de México.

4. La Virgen de Guadalupe es uno de los símbolos más importantes de la mexicanidad.

5. Sexy Star es una luchadora enmascarada profesional mexicana, representante de este tradicional entretenimiento popular.

6. La pirotecnia es una tradición muy mexicana que tiene su origen en China.

7. La gran pirámide de Cholula, dedicada a Tláloc es la más voluminosa del mundo: aproximadamente 4,450,000 metros cúbicos.

8. Los arabescos son adornos pintados o labrados, compuestos de figuras vegetales caprichosas, adaptados por la tradición barroca mexicana.

9. La Malinche fue una indígena mesoamericana, interprete y compañera de Cortés. Fue pintada por Diego Rivera en los murales del Palacio Nacional de México.

10. La versión original de La Catrina se debe al artista  José Guadalupe Posada y se ha convertido en la imagen mexicana de la muerte por excelencia, asociándola a la fiesta del día de los muertos.

11. La firma del autor de esta pintura.

12. “La tierra virgen” fue pintada por Diego Rivera en la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo entre 1923 y 1927.

13. Frida Kahlo pintó su autorretrato doble “Las dos Fridas” en 1939 mostrando su gusto por el arte popular mexicano de raíces indígenas.

14. La lotería es un juego de azar ampliamente difundido en México que consta de diferentes cartas, entre ellas: La Luna

14a. La Botella

14b. La Calavera

14c. La Sandía

14ch. La Rana

14d. La Mano

14e. La Dama

14f. La Bandera

14g. Las Jaras

14h. La Chalupa

14i. La Rosa

14j. La Campana

14k. La Estrella

14l. La Palma

14m. La Garza

14n. La Sirena

14ñ. La Pera

14o. La Escalera

14p. La Maceta

14q. La Araña

14r. La Corona

14s. La Bota

15. Las poesías entrelazadas en este texto corresponden a fragmentos de la página cuatro del diario de Frida Kahlo y unas “Redondillas”  de Sor Juana. La combinación se puede leer de diferentes maneras, siendo una de ellas ésta:

Pintarte quisiera

pero no hay colores,

por haberlos tantos

en mi confusión. (Frida)

Si acaso me contradigo

en este confuso error,

aquel que tuviere amor

entenderá lo que digo. (Sor Juana)

16. La Coatlicue entre los aztecas era la diosa de la tierra y madre de todos los dioses.

17. Sor Juana Inés de la Cruz, máxima figura de las letras mexicanas fue retratada por Miguel Cabrera en 1750.

18. Iztaccíhuatl (mujer dormida) es un volcán que ha generado un sinnúmero de expresiones artísticas y literarias.

19. Yolanda Montes “Tongolele” alcanzó el éxito en el cine mexicano como una de las primeras rumberas de gran personalidad y exótica belleza.

20. Los colores de la Bandera Mexicana.

21. El ánima sola, como otros símbolos católicos está muy arraigada a las tradiciones populares. Representa un alma en el purgatorio en el momento en que, rotas sus cadenas, se destina para el cielo.

22. La imagen de Sara García como “Abuelita” de México ha sido ampliamente difundida por una marca de chocolate, bebida mexicana tradicional.

23. La Osa Menor es una de las constelaciones más conocidas del hemisferio norte, en muchas culturas se le ha asociado, mitológicamente, con deidades femeninas.

24. Niña danzante anónima de la sierra de Puebla de la danza de los “Migueles”.

NOTA IMPORTANTE

En este cuadro se muestra, por primera vez si alguien no demuestra lo contrario, que Frida Kahlo fue influida directamente por el retrato que Miguel Cabrera hizo de Sor Juana al pintar  su autorretrato “Las dos Fridas”. Esto puede afirmarse al observar y comparar el gran parecido que existe entre las dos obras y que en la pintura presente queda manifiesto:

-La posición de ambas mujeres sentadas en una silla mirando directamente al observador.

-El corazón en el pecho de Frida y el escudo en el de Sor Juana.

-Mientras que Frida sostiene sus venas, Sor Juana hace algo similar con el rosario.

-El vestido largo de Frida y el hábito de Sor Juana, que en ambos casos cubren los pies.